Sorbos amargos

Nunca me había sentido.

Como ahora.


Estoy en la realidad

y no hay nada que nos separe del espacio.


Las luces borrosas,

acelerando, frenando

sin medir el peligro.


árboles.

Viento.

Silencio absoluto.




Un poco de calma

es lo único que necesito.


Y ahora

no quiero imaginar nada distinto a esto.




Tomo un gran sorbo de café.

Encendiendo la radio.


Los anuncios me hacen sentir

que esto es real.


Que ya no voy a tartamudear.




Aprecio tu preocupación por mí,

pero creeme:


ahora tengo más claridad.




Subo a 60.

Voy a 80.


Y no sé

si ahora pueda parar.




Su sabor amargo, agrio…

para mí es lo más dulce que he probado.


Oscuridad total.


Nadie puede darse cuenta

de lo que pasa.




No quiero llorar.

Hoy no quiero llorar.


Porque debo intentar

una vez más.




Este no es mi estado natural.




Pasan las canciones

y no encuentro ninguna

que me defina


en medio de la noche

o en medio del mar.




Ahí es donde quiero quedarme.


Donde nada más importa.


No quiero progresar.

Quiero respirar.




Tal vez voy en contra.

Tal vez no soy lo convencional.


Déjame en paz, maldita sea.




Ya no quiero tus miradas.

Ya no quiero que observes

mi forma de caminar.


Eres solo un niño.


Porte bien.

O porta mal.


A mí

me da igual.




Escucho un coro,

algo celestial.


Pero apenas tengo energía

para respirar.




Siento el peso en mi cuerpo.

Siento que ya no puedo sostenerlo.


Soy solo una chica triste

que sabe fingir bien.




Sonrío

y todos me creen.




Pero aún lo amo.


Lo amo.

Lo amo como nunca he amado.




Todas las lágrimas

que derramamos

son por nuestro pasado.




Esa píldora

es lo único

que me ha hecho descansar.




No paraba de correr

y ahora

no sé cómo caminar.




No sé absolutamente nada.


Puedes mentirme.

A mí me da igual.




No sabes cuántas veces

He pensado en quitarme la vida.


No encuentro motivos

para celebrar.




Sé que soy algo neurótica.


Mi meta

era llegar a madurar.




Ahora no distingo las letras.


Se vuelve más complicado

a medida que avanzas.


Más difícil de explicar.




Ya no me importan las posibilidades.

Ya no me importa el qué dirán.




¿De qué sirve

si igual me siento tan sola

y nadie me quiere acompañar?




Nada me puede importar.


Punto final.






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