La nada
Salgo apresurada de una cabaña vieja hecha de madera. Está en completa oscuridad. Lo último que recuerdo es una pequeña vela; no sé en qué momento se apagó. Supe que ya no podía seguir ahí dentro. No podía ver nada y vivía rodeado de arañas. Tampoco recuerdo cuál fue mi última comida ni si alguna vez estuve acompañada. Me apresuro a salir aunque la lluvia cae y hay mucha niebla. El piso es peligroso; hay ramas por todas partes, piedras, insectos. Pero sigo corriendo muy fuerte, lo más fuerte que puedo, tratando de escapar de algo a toda costa, aunque no sé exactamente de qué. Llevo puesto un ropón blanco manchado de sangre, pero a quién le importa. De cualquier forma no hay nadie que pueda juzgarlo. Estoy sola. Me detengo a ver las manchas y no siento nada. Parece que ya son parte de mí. Es sangre fresca, no sé en qué momento cayó ni qué parte de mí está lastimada. Estoy tan cansada, pero debo continuar corriendo entre los árboles y las plantas. El suelo es horrible, pero es lo único ...