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Mostrando las entradas de mayo, 2026

Quiero hacer el ridículo

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¿Por qué debería de sentirme intranquila? ¿Por qué debería de sentirme menos? ¿Por qué debería de sentir que no soy suficiente?  ¿Sólo porque no soy como ellas?  Aunque, espera, quizás sí lo soy, sólo que soy más pequeña. Aún no tengo la experiencia, no soy del mismo lugar. Es desgastante el hecho de estarte comparando constantemente pensando que nunca vas a lograrlo, que nunca vas a llegar. Tuve que hacer las paces con mi muerte, igual allá voy a llegar. A veces, o más bien muy a menudo, siento que no he hecho nada, que no he hecho lo suficiente, como si tuviera que exigirme más, como si fuera una maldita máquina de trabajo. Tengo a todos lados el sentimiento de no pertenecer porque es más fácil tirarse al piso y echarle la culpa a otros que salir y enfrentarme al miedo de socializar de maneras distintas, porque eso es más fácil que mostrarme vulnerable. Y definitivamente es mucho más fácil que volverme a enamorar y arriesgarme a ser lastimada de nuevo. Es más sencillo que en...

Ritmo lento

Voy a escribir sin idea de dónde empezar, sin una historia fija que contar, solo un ritmo lento y consistente que es lo que me ha mantenido aquí. Después de tanta estructura, solo quiero poder descansar, dejar de caer tan hondo, solo por una vez. Actúo tan bien que engaño a todos, incluso a mí misma, convenciéndome de que soy feliz, de que si me arreglo más podré sentirme mejor, pero todo eso es temporal. Hay cosas que nunca se van. Me interesan las cosas que se pueden repetir: como los atardeceres, la lluvia, la oscuridad, escuchar las mismas canciones siempre, tener amistades con las que no pare de hablar, bailar y volver a bailar. Las letras son mi refugio en la oscuridad y la guitarra armoniza mi soledad. A veces dejo todo sin terminar, pero eso no quita lo mucho que significa para mí. Lo he intentado una y otra vez. No sé si es que soy muy débil, pero ya he querido rendirme varias veces. Dicen que no debes dejar de intentarlo hasta que se vuelva realidad, que tienes que creértel...

Ya no quiero colapsar

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Ya no quiero llegar al límite para descansar. Me puedo sentir que siempre tengo algo pendiente. Pensar en tantas cosas al mismo tiempo y no poder decidirme por ninguna. Sentir que solo debo seguir y seguir sin saber cuándo parar, y cuando por fin paro, sentirme culpable por no estar “haciendo nada”. Estoy tan acostumbrada al caos que encontrarme en el silencio es de las cosas más difíciles y profundas que he intentado hacer, porque si algo tengo claro es que no quiero escucharme a mí misma. Y eso es tan abrumador y desgastante que hasta me da vergüenza. Voy de un extremo a otro todo el tiempo y parece que nadie más puede entenderlo. Me siento como la mujer más extraña del mundo porque nunca he sido “normal”, y la verdad, odio la idea de tener que serlo. Creo que me acostumbré a funcionar cansada. Como si siempre hubiera una emergencia. Y lo odio. Lo odio muchísimo. No hay nada que odie más que no poder vivir en calma. Ya no quiero ir un maldito paso adelante todo el tiempo. Qui...

No me volví fría, me cansé

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No me convertí en alguien fría, me cansé. Me cansé de ser la hija perfecta, la estudiante ejemplar.  Me cansé de no poder elegir mi comida.  Me cansé de que confundieran mi neutralidad con frialdad.  Me cansé de ser la que siempre resuelve, de tener que sostener a los demás.  Me cansé de las “amigas” que te apuñalan por la espalda. Me cansé de tratar de ser otra persona solo para no incomodar.  Me cansé de que opinen de mis decisiones.  Me cansé de que me critiquen por explotar y luego me quieran crucificar por decir la verdad.  Me cansé de tener que ser suave.  Me cansé de ser “muy madura para mi edad”. Entonces dejé de salir en las tardes y me sumergí en mi cama y en serie. Evitaba tocar el agua. Ya no podía salir con mis amigas. La gente empezó a pensar que estaba loca, pero en realidad esta soy yo, solo que nunca había dejado que nadie la viera. Déjame confiar. Ya no tenía ilusión de absolutamente nada. Solo quería que todo termina...

Tacones rotos

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Vestido amarillo y mis nuevos tacones que caminaban hacia la perfección. Salí con la esperanza de tener la noche perfecta, pero nada estuvo más lejos de eso. Arreglé mi cabello natural. El cuarto era demasiado cálido. Nadie quiso acompañarme ya mí no me gusta esperar. Creí que con esos tacones todo sería perfecto. Era mi segunda noche en Playa del Carmen. Cuando me los medí sabía que no sería fácil llevarlos, pero decidí ignorarlo. Me los volví a probar dos veces, esperando que algo cambiara. Y es que creía que no encontraría algo más, que era lo mejor a lo que yo podía aspirar. Pasé todo el día complaciendo a los demás con esas estúpidas brillantes que casi me hacen vomitar. No iba a permitir que nadie arruinara mi noche… a excepción de mis zapatos altos de plataforma, que me hacían sentir como una auténtica Barbie. Caminaba por la 10ª avenida como si todo estuviera bajo control, preguntando por lugares para bailar salsa o bachata. La gente me daba recomendaciones y algunos ...

Entre el desierto y el mar

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Estoy entre el desierto y el mar. Siempre voy de uno a otro. Me gusta la tranquilidad, el silencio, la soledad. Pero también me gusta que las olas me den una lección. Me gusta su intensidad, me gusta cómo me hace sentir viva, cómo todo puede volver a empezar. Me gusta estar aquí porque nadie me conoce. Nadie se dará cuenta cuando me equivoque. Aquí no puedo disfrazarme. Tengo que usar poca ropa, casi desnuda. Aquí no necesito estructura ni la presión de agradar. El sol está en su punto más alto y yo me estoy volviendo loca. Nadie lo sabe. Nadie se da cuenta. Es lo que pasa siempre. Mi trabajo es ser amigable, pero por dentro voy de uno a otro, una y otra vez. Me meto al agua, me asusto con una gran ola y salgo corriendo a lo desierto donde no habrá agua. Una y otra y otra vez. Es como una canción de diez minutos que nunca termina. Adictivo. Imposible dejarlo. Empieza suave, inofensiva… y cuando te das cuenta estás en el clímax, repitiendo ese cor...