Aprendiendo a vivir sin tener todas las respuestas
Y mientras estaba sentada en mi cuarto un lunes a las 2:30, pensando, quería estar en aquella playa.
No he podido conocer otro lugar que me guste más que ese; simplemente para mí fue un parteaguas en mi vida. Se volvió un lugar mental al que regreso cada que me siento mal, sobre todo estresada, y se volvió un estándar de la vida que quiero y que, ¿por qué no?, merezco.
Ayer me sentía profundamente desmotivada. Es más, ayer solo comí una vez, lo cual me está empezando a preocupar.
He sido demasiado dura conmigo misma. Estoy harta de criticarme tanto. Estoy harta de ser mi propia enemiga.
¿Por qué me cuesta tanto abrazarme en los momentos difíciles?
¿Por qué creo que debo ganarme todo? Incluso el amor.
¿Por qué no puedo parar de pensar sobre todo cuando es de noche?
¿Por qué es tan difícil vivir de lo que realmente amo hacer?
¿Por qué es tan difícil arriesgarse?
¿Por qué siento que todo es tan frágil y no vale la pena seguir intentándolo?
¿Por qué no me permito equivocarme?
¿Por qué no me permito enamorarme?
Creí que tenía una buena justificación para eso, pero a estas alturas el panorama se ve bastante distinto.
Afortunada o desafortunadamente, la experiencia te da una visión nueva de las cosas. Una visión donde ya no puedes esconderte, una visión donde ya no vale la pena seguir perdiendo el tiempo de la misma manera, donde las cosas que antes parecían importantes no lo parecen más, donde ya no solo estás sujeto a la opinión de los demás, donde empiezas a replantearte cosas que jamás imaginaste cuestionar.
Sé que no soy el tipo de mujer más convencional que existe.
Así es, dije mujer.
Ya no soy una adolescente y debo permitirme avanzar como esto que soy y que me ha costado tanto trabajo construir.
Ya no me gustan los niños. Son lindos, pero no tienen la experiencia de conocer y ver el dolor como yo lo hago, y no son tan tranquilos. Les hacen falta experiencias por vivir y escuchar.
Estoy bien con eso, pero yo lo que busco es algo que vaya más alineado a mi vida. Alguien que pueda entenderme, que realmente pueda verme y crea que valgo la pena como mujer, como ser humano.
Alguien que quiera quedarse.
Alguien que lo intente.
Alguien que no venga a complicar más las cosas.
Alguien que tenga su propia visión de la vida, que sea suya y no que se haya repetido de tanto escucharla en algún lugar.
Alguien que no permita que su ego lo vaya a dominar.
Y que, sobre todo, lo intente.
Alguien que sepa trabajar, que haya terminado de jugar.
Alguien con sensibilidad.
Alguien que no necesite hablar rápido.
¿Será que estoy pidiendo demasiado?
Es lo que siempre se me ha dicho.
Lo sé, no soy perfecta, y no busco a alguien perfecto, sino a alguien trabajado. A alguien con heridas, a alguien con pasado, pero también con bondad, con valores, con decisión, con inteligencia, con claridad.
A alguien que sepa escuchar.
A alguien con el que sea fácil respirar porque no trata de acaparar todo el espacio.
Alguien a quien no le importa encajar en el estándar del hombre ideal.
Alguien que cuente malos chistes, pero que no tenga miedo de hacerlo ni de reírse de sí mismo.
Me está costando demasiada energía ser sincera.
Tengo demasiado miedo de lo que pueda pasar, pero busco vulnerabilidad, así que debo darla yo también.
Debo intentarlo.
Debo fallar.
Debo permitirme que me vean.
Que me conozcan.
Y soltar.

Comentarios
Publicar un comentario