Aprender a quedarme
Quiero huir, no sé cómo quedarme.
Acostumbrada a correr antes de que se vayan.
Pánico por quedarme demasiado tiempo donde no debo estar.
Tengo miedo de lo que pudiera llegar a pasar y no sé cómo empezar.
El espacio entre él y yo cada vez se reduce más y más, y aún así estoy preparada para correr por si se arrepiente, por si quiere esconderse o por si espera que yo me entregue por completo.
Todo lo que quiero siempre lo vi tan lejano de llegar; ahora que lo he conocido, la historia es diferente, aunque sigo muy asustada. Aquí no hay juegos, aquí no hay nada que descifrar. No quiero ser apresurada —lo siento—, es que estoy acostumbrada a tener el control.
Estoy viendo a mi niña interior llorando en una esquina, deseando ser consolada. Nunca me ha gustado la idea de ser dejada; Quisiera que mi ego no me dominara cuando se trata de ser elegida. Por eso probé con elegirme a mí misma ya personas que no me presionaran… y entonces llegas tú, que no tienes prisa de nada. Me pregunto qué es lo que observas, qué fue lo que hizo que te acercaras.
He decidido aceptar los riesgos que conlleva amar de verdad y profundamente, pero también he decidido ser más cuidadosa al elegir a las personas que amaré, porque sé que cuando me desvivo por los demás suelo terminar agotada y enojada.
Trato de ser cuidadosa. No sé cómo atravesar esos recuerdos que hicieron que sobrepensara y que me dificultaron confiar de nuevo. Una separación no es algo fácil de gestionar ni una decisión que deba tomarse a la ligera; los sentimientos de las personas tampoco lo son.
Quienes hemos atravesado el dolor de dejar a una pareja aun amándola —porque es la mejor decisión para el futuro o porque los caminos ya no van en la misma dirección— tenemos que despertar y hacernos responsables de todo lo que hicimos y de lo que haremos después.
Debemos enfrentarnos a nuestros vacíos, a esos recuerdos que teníamos tan escondidos que olvidamos dónde los dejamos. Duele dejar, porque es como si todo lo que construyeron juntos se fuera a la basura; como si todas esas “primeras veces” dejaran de ser especiales; como si tu equipo se desintegrara y tuvieras que empezar de nuevo, completamente sola.
Por eso es tan importante tener amistades que te acompañen en los momentos difíciles y también en los buenos. Las amistades no solo existen para las crisis, sino también para vivir momentos felices que recordarás toda tu vida.
También es importante tener pasatiempos que te apasionen, cosas que te hagan sentir viva y saber, aunque sea un poco, hacia dónde quieres dirigirte. Aprender a estar contigo misma es fundamental, y yo estoy justo en esa parte.
Pero entonces comienzas a conocer otro tipo de personas: personas que te transmiten tanta calma que tienes que esforzarte por no alejarlas, porque no se encuentran con frecuencia. Son esas con las que, al final del día, puedes ser tú misma y abrir el alma.
Por el momento el reto es aprender a quedarme en el momento

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