En Tulum entendí que tal vez no estoy tan rota
No quiero que sea perfecto, quiero que sea mío, pero en ese lugar todo era perfecto.
Descubrí un lugar donde puedo ser yo misma y no necesito nada más. Es un estado de paz que nunca había logrado experimentar.
No sabía que hay más personas como yo, que no necesitan aparentar, solo cuidan de ellas mismas y viven para conectarse con la naturaleza, con los animales, con el sol, con el viento, con su propio cuerpo.
Un lugar donde la comida no se ve como un castigo, sino como algo que me nutre y que me da energía para poder continuar.
Donde no necesito de colores para ser vista, donde la música no tiene que sonar fuerte para poder alcanzarse a escuchar, donde el sonido y la brisa del mar son suficientes.
Todo fluye cuando no me estoy juzgando, sobreexigiendo ni comparando. Ni pensaba tanto, solo estaba existiendo, disfrutando el momento, lejos de las pantallas, en medio de la selva y el agua salada.
Entonces creo que, al final de cuentas, tal vez no estoy tan rota. Tal vez sí hay un lugar para mí en el mundo y no es complicado como me habían hecho creer.
Yo no soy complicada. De hecho, soy demasiado simple.

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