Entre el desierto y el mar
Estoy entre el desierto y el mar. Siempre voy de uno a otro.
Me gusta la tranquilidad, el silencio, la soledad. Pero también me gusta que las olas me den una lección. Me gusta su intensidad, me gusta cómo me hace sentir viva, cómo todo puede volver a empezar.
Me gusta estar aquí porque nadie me conoce. Nadie se dará cuenta cuando me equivoque.
Aquí no puedo disfrazarme. Tengo que usar poca ropa, casi desnuda. Aquí no necesito estructura ni la presión de agradar.
El sol está en su punto más alto y yo me estoy volviendo loca. Nadie lo sabe. Nadie se da cuenta.
Es lo que pasa siempre.
Mi trabajo es ser amigable, pero por dentro voy de uno a otro, una y otra vez.
Me meto al agua, me asusto con una gran ola y salgo corriendo a lo desierto donde no habrá agua.
Una y otra y otra vez.
Es como una canción de diez minutos que nunca termina. Adictivo. Imposible dejarlo.
Empieza suave, inofensiva… y cuando te das cuenta estás en el clímax, repitiendo ese coro maldito que nunca te ha dejado.
Y lo peor es que aquí no hay nada que interpretar.
Yo soy el único público, la directora, el talento.
Soy la estrella y la abucheada.
Soy la de la limpieza y la cocinera.
Nunca he sabido alimentarme.
Puedo montar un show increíble para otros, pero aquí…
Aquí no sé qué camino tomar.
Porque la única que puede aprobarlo soy yo.
Y nunca he sido buena tomando decisiones difíciles.
Siempre creo que no lo voy a lograr.
Entonces vuelvo.
Entre uno y otro.
Nunca hay un oasis.
Y por más que intento lograrlo, no dejo de aprender lecciones que no paran de avergonzarme.
Estoy buscando un nuevo nombre para esto, pero llevo una semana dudando que lo pueda lograr.
Quiero crear algo nuevo, pero no hay nada que le gane al mar.
…no sé si tiene sentido. Pero así se siente.

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