La nada


Salgo apresurada de una cabaña vieja hecha de madera. Está en completa oscuridad. Lo último que recuerdo es una pequeña vela; no sé en qué momento se apagó. Supe que ya no podía seguir ahí dentro. No podía ver
nada y vivía rodeado de arañas. Tampoco recuerdo cuál fue mi última comida ni si alguna vez estuve acompañada.


Me apresuro a salir aunque la lluvia cae y hay mucha niebla. El piso es peligroso; hay ramas por todas partes, piedras, insectos. Pero sigo corriendo muy fuerte, lo más fuerte que puedo, tratando de escapar de algo a toda costa, aunque no sé exactamente de qué.

Llevo puesto un ropón blanco manchado de sangre, pero a quién le importa. De cualquier forma no hay nadie que pueda juzgarlo. Estoy sola.

Me detengo a ver las manchas y no siento nada. Parece que ya son parte de mí. Es sangre fresca, no sé en qué momento cayó ni qué parte de mí está lastimada. Estoy tan cansada, pero debo continuar corriendo entre los árboles y las plantas.

El suelo es horrible, pero es lo único que hay. Quisiera pensar que hay al menos una sola cosa por la que pelear, pero no encuentro ningún motivo.

Si el amor es lealtad, entonces nunca he sido amada. No recuerdo cuándo fue la última vez que alguien me preguntó si estaba bien. Tengo tantos secretos y no hay nadie para contarlos.

Sigo corriendo hasta que terminan los árboles. Ahora solo hay niebla. La hierba me llega hasta la mitad del cuerpo. Está mojada y me pica, pero eso tampoco me molesta. Al menos me hace sentir algo.

Estoy harta. ¿A quién quiero engañar? No sé cuánto tiempo llevo aquí. Quisiera dejar de intentarlo. ¿Contra quién estoy compitiendo si no hay nadie para odiar ni para amar?

Solo se escucha el latido de mi corazón, el viento y algún animal a lo lejos.

Es momento de parar.

Me detengo, pero no porque quiera, sino porque tropiezo. Nombré este lugar como la nada .

Al principio creí saber a dónde me dirigía, pero un día todo cambió y nunca volvió a ser la misma. Dicen que debes fingir hasta lograrlo, pero por más que finguí no pude volver a ser quien era.

Me pongo de pie esperando encontrar alguna respuesta, pero no hay nada. Solo entendí que es inútil seguir maltratándome por esto.

Y llego al punto donde nada tiene sentido.

Entonces… ¿para qué seguir intentándolo?

Al final, siempre voy a volver a este lugar. No hay forma de escapar de la nada.



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